Infraestructuras resilientes al cambio climático

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Infraestructuras resilientes

Infraestructuras resilientes al cambio climático, invertir en ellas, es una de las recetas que la OCDE, ONU Medio Ambiente y el Banco Mundial han puesto encima de la mesa de los líderes del G-20, a la vez que han pedido un cambio radical hacia la financiación de un futuro bajo en carbono.

En el nuevo informe Financiar los futuros del clima. Repensar la infraestructura, (aquí resumen en español), entregado a los líderes del G20 en su cumbre en Buenos Aires de finales de noviembre, las tres organizaciones internacionales han sostenido que los gobiernos deben adoptar una agenda más transformadora en cuanto a las inversiones bajas en carbono y resistentes al clima si desean cumplir con el objetivo del Acuerdo de París respecto a las emisiones de CO2.

Al señalar que la energía, el transporte, los edificios y la infraestructura hídrica contribuyen con más de 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero, el informe presenta seis formas de alinear los flujos financieros públicos y privados con los objetivos de París, en particular en materia de infraestructura. Esto incluye una mejor planificación y previsión, la integración de las preocupaciones climáticas en todas las decisiones presupuestarias y el aprovechamiento de la contratación pública en una infraestructura resiliente y baja en emisiones.

Financiar el futuro del clima describe acciones clave para impulsar la inversión baja en carbono:

  • Planear infraestructura sostenible y resiliente.
  • Desencadenar la innovación para acelerar la transición a tecnologías, modelos de negocios y servicios bajos en emisiones.
  • Garantizar la sostenibilidad fiscal para un futuro bajo en emisiones y resiliente.
  • Restablecer el sistema financiero en línea con los riesgos climáticos y las oportunidades a largo plazo.
  • Repensar la financiación del desarrollo para el clima.
  • Empoderar a los gobiernos de las ciudades para construir sociedades urbanas bajas en emisiones y resistentes.
  • La inversión en infraestructura sostenible puede impulsar el crecimiento económico

Infraestructuras resilientes (continuación)

El documento es una continuación del informe de la OCDE de 2017 Invertir en el clima, invertir en el crecimiento, un aporte a la presidencia alemana del G20 que expuso el argumento económico de que la acción climática y el crecimiento pueden ir de la mano siempre que las políticas climáticas sólidas estén empaquetadas con reformas fiscales y estructurales.

La iniciativa Financiar el futuro del clima tiene como objetivo ayudar a los países a ir más allá de un enfoque incremental para financiar infraestructura baja en emisiones y resiliente. Gabriela Ramos, jefa de personal de la OCDE y negociadora ante el G20, advierte de que “el desafío de la infraestructura crea incentivos para reformas que pueden ofrecer un mejor desempeño en ambos aspectos. Sin embargo, estamos perdiendo tiempo: si queremos cumplir, necesitamos movernos mucho más rápido y lograr un cambio sistémico de billones de dólares en inversiones verdes”.

En términos parecidos se ha expresado Kristalina Georgieva, Directora General del Banco Mundial:

“No podemos ignorar que los fenómenos meteorológicos poderosos amenazan los empleos, los hogares, la seguridad alimentaria y otras áreas críticas de nuestras vidas. La infraestructura que se construye hoy debe estar lista para enfrentar el clima cambiante del mañana. Necesitamos los incentivos y regulaciones adecuados para acelerar con urgencia la financiación de estos proyectos”.

El informe dice que la ampliación de las inversiones públicas y privadas en infraestructuras bajas en emisiones y sostenibles es fundamental para aumentar la capacidad de recuperación y evitar un mayor bloqueo de carbono. El anterior análisis de la OCDE Invertir en el clima, invertir en el crecimiento, (2017) mostró que cambiar la inversión en infraestructura a opciones bajas en carbono, combinado con reformas estructurales, podría aumentar el PIB mundial hasta en 5% para 2050, al tiempo que se reducirían las emisiones. Eso incluye los efectos de menores riesgos de daños por fenómenos meteorológicos extremos. El costo de cambiar de infraestructura “marrón” a verde sería más que compensado por el ahorro de combustible.

Según la OCDE, los gobiernos gastan medio billón de dólares al año en subsidios al petróleo, el carbón o el gas y no están haciendo un uso suficiente del gasto público como palanca para descarbonizar las economías. Las plantas de energía en construcción o en planificación conducirán a casi una duplicación de las emisiones causadas por la generación de energía, y los incentivos para cambiar a energía e infraestructura verdes, y los desincentivos a las emisiones en todos los sectores, siguen siendo débiles.